Algo más que decir

Tenías razón

Mi reloj sigue marcando las seis y veinte de la tarde, ese fue el momento en que se partió nuestro mundo, desde entonces hasta hoy no ha marcado ni un solo segundo. Han pasado días, no sé cuantos, pero sí suficientes para echarte de menos.
Aquella tarde, mientras tú te ibas intenté poner orden en las musarañas que miraba contigo cuando mirábamos al vacío y recoger medianamente mi vida. Qué era orden y qué era desorden fue algo en lo que nunca nos pusimos de acuerdo. Me gustaba ver tus libros organizados por tamaños aunque no te lo dijera mientras el cajón de tu escritorio vomitaba comics pasados de fecha.
Nunca me había dado cuenta de lo grande que esta casa hasta que cerraste la puerta en el minuto veinte, no dije "mi casa" porque sigue siendo nuestra. Te has dejado la sonrisa colgada en las pareces y las últimas gotas de perfume que prenden de tu albornoz se resisten a perder su esencia.
No, no tenía nada que decir por más que ahora me agarre a un día de más de esos que tampoco dicen nada, y si lo hubiera tenido ya no era el momento porque el silencio gris que llenaba nuestro ambiente hacía mucho más ruido que las palabras, tanto que ni siquiera escuché tu adiós antes de irte.
Sí, quería que te fueras, quería que te fueras para poder escuchar fuerte la música que tú detestabas y que retumbaran las paredes, pero hoy sé que el "always" es mentira por más bonito que suene, ya da igual porque tú no estás, lo único que pretendía no era molestarte sino que escucharas en vez de refunfuñar y que cuando me miraras, una sonrisa te dijera que lo que decía esa canción era lo que yo quería decirte, sólo que no encontraba las palabras.
Llueve... decías que en los días de lluvia el desorden es menos desorden, y por eso subías las persianas. Hoy cada cosa está en su sitio pero el caos en que dejaste mi vida no se aclara por más que abra ventanas, tenía que haberte recordado que te llevaras los planes que teníamos, las promesas y los sueños que ideamos con los ojos abiertos, no les encuentro sitio y están tirados por todos lados. He llenado los cajones de tu mesita de noche con las ilusiones y con las velas a medio gastar, tendría que quemarlas, prenderlas hasta que se les acabara la mecha. Tus medios poemas siguen cogiendo polvo en mi memoria.
Eran las seis y veinte y sólo te llevaste las cosas que no cuentan. En el pico de la mesa aún está tu anillo, junto a las flores secas que nunca te gustaron y que has colocado con esmero mil veces, sé que sí pero se te olvidó decírmelo.
Todo está muy vacío sin ti, tendría que haberme ido contigo y haber dejado sola esta maldita casa que no deja de decir que no estás, sí, tendría que haberme ido en el minuto veinte y haberlo dejado todo impregnado del gris. Pero ya es tarde, es tarde porque me ha dado tiempo a echarte de menos y ahora por más que me recuerde que no tenía nada que decirte siempre pienso que hubiera valido la pena haber dicho algunas cosas de más, tendría que haberte dicho que te quería, que adoraba esa forma de sonreír que se comía todas las palabras, tendría que haberte dicho que mi vida, jodidamente, convertida en un caos por tu culpa, era un paraíso en el que nada había de más ni de menos, que me encantaba verte con lo pantalones caídos aunque pusiera cara de disgusto y que me daba igual que los cristales se mojaran porque tenías razón, el desorden es menos desorden en los días de lluvia.


En Primera Persona

2 comentarios:

Pilar dijo...

Sin duda el desorden es menos desorden cuando los cristales lloran lluvia, pero es tán fácil imitarlos.

Preciosa entrada, plena de pérdida.

Silvia dijo...

El desorden es igual al caos, volver a ordenar y volver a juntar los pedacitos que quedan por ahí desparramados para volver a la cordura y enocntrar el centro.

Un abrazo.