Algo más que decir

Me basta

Me basta una mirada a lo lejos para salir corriendo, cuando vienes y yo me voy y vuelvo por tan solo sonreírte antes de cerrar la puerta, sí, es así, amor, envueltos en una locura que nos sube al cielo y más tarde nos deja caer, lentamente, como una pluma meciendo a través del viento. Basta creer que existe este mundo nuestro para que exista, disfrazado de primavera y girando a mil por hora, así es, no sé si estamos dentro de él o él dentro de nosotros, pero nos basta así, grande o pequeño... nuestro, sólo nuestro.
Me basta querer tenerte, amor, y te tengo aunque la distancia se revuelva entre nosotros, no hay frío, ni enero sin flores, ni kilómetros a la espalda que nos impida avanzar. Contigo si no hay puerta, hay ventana y si todo se me para... con mirarte, me basta. Es eso, que las cosas pasan y se pasan mientras tú te quedas de puntillas sobre mi piel, soplándole a la luna para que se aleje un poquito más y a medias luces y con las pocas que nos quedan, me hagas un guiño color zafiro que me desnude el alma y así... contigo, conmigo... me basta.
Me basta soñarte para creer que sí y no perderle la guerra a la realidad, y soñar, soñar que tú eres mar y yo, tu orilla y que me perdone Dios, y que las alas que me hacen volar no me nacen en la espalda, pero aun así, me basta. Y no tengo remedio porque te huelo en el viento y así es como pasa, y no tengo ni tienes, ni yo soy ningún maestro, pero me basta para ser y para hacer eso que no tenemos, y así es como pasa ese no se qué ruidoso lleno de querer, sin luna y sin cordura y sin la tarde ayer, que arrasa con todo lo que sí y lo que no y basta, basta para fabricar silencios que gritan desde el alma, amor y pasa... casi sin querer... pasa.



sJt

desPROPÓSITOS

Sosténme cuando me acerque al filo del mundo, cuando el negro profundo me atraiga a su interior... recupérame.
No soy más que un ser a medias tintas, un poeta loco que amarra palabras asonantes a versos inconclusos, en medio de un universo de cartón al que le caen las primeras gotas de lluvia.
Acércate conmigo al límite del naranja que colorea el cielo una tarde cualquiera de otoño.
Revuélvete... cuando se te arremolinen las dudas.
Cuando el hastío te levante el dedo para indicarte silencio... grita.
Corre... cuando venga a ti el cansancio.
Huye a grandes zancadas de las muecas dibujadas que no dicen nada... no a mí.
Camina a mi lado por los insoslayables laberintos de la vida, aun cuando el dolor doblegue el despuntar de una mirada serena.
Desvístete de la coraza, amaga el orgullo, descúrtete... rebélate en contra de aquellos que dispersen simiente de desconcierto a nuestro alrededor.
Hiere, golpea y condena a quién manosee con sus zarpas lo que sólo a nosotros pertenece.
Maldice las lenguas que profieran aunque sólo fuera silencio contra nosotros.
Y cuando te flaqueen las fuerzas, guárdate bajo mi piel... te protegeré con ella hasta que se me gaste.