Algo más que decir

Ruina a medias

Decías que te gustaban los pueblos abandonados y que las ruinas contenían magia. Te inquietaba saber qué habría pasado allí y decías que cada casa a medio caer era como una cicatriz sin suturar en mitad de un cuerpo que clama una vida más, sin embargo jamás has vuelto a pasear por mí. Decías tantas cosas de todas esas ruinas y dices tan poco de mí, ojalá pudiera derrumbarme a medias para que volvieras, aunque solo fuera para admirar el desastre y yo pudiera verte con los ojos brillantes y la cabeza llena de sueños. Me gustaba verte con los pies llenos de polvo y con la sonrisa tan llena de luz, se veía tan fácil caminar entre todas aquellas piedras a través de ti, sin embargo, me es imposible abrirme paso entre los escombros de este templo en el solo te adoraba a ti.  Solo pienso en lo bonito que era verte amanecer y robarte las sábanas, que me miraras con cara de "ven, y abrázame" y yo me despeñara en el contorno de tus labios, mi único destino era correr de un lado a otro al alcance de tus ojos y acabar llenándote los brazos conmigo.
Era increíblemente apasionante descifrar un mapa en busca de la ruta más difícil para después atravesarte a besos y recorrer el universo entero en una décima de segundo. Se han debido romper los caminos de iban de ti a mí, o tal vez hayan sido encriptados con un código secreto que nadie sabe, ni siquiera yo, porque por más que te busco no me encuentro. Ojalá volvieras porque ahora tengo todas las ruinas dentro de mí, soy como uno de aquellos pueblos abandonados con las casas caídas, y también guardo una historia a medias, de medias ruinas, medio tú y de medio yo.




Esa playa

Tú paseas por la playa que yo solo puedo recordar
te siento tan lejos como imagino
y pienso que Calblanque jamás será tan bonita como lo es en este momento.
Jamás podrá existir otro momento como este,
y este y no otro,
solo por que tú estás en ella con un halo de tristeza que necesito imaginar.
Eras mar, y no había nada más grande en este mundo que verte romper en mi orilla,
rompías con el ímpetu de todas las olas juntas como si no hubiera más,
como si no supieras que tú eras ese mar al que yo esperaba para dejarme llevar,
daba igual donde y cuando,
la profundad,
todo daba igual cuando te arrojabas sobre mí con tus manos de mar,
cuando el salitre se subía a nuestros besos y nos pedía más y más.
Estoy aquí,
tan lejos de ti,
tan lejos de esa playa de sueños que casi me cuesta respirar,
he ido acostumbrándome a vivir sin aire
por la inercia estúpida de no consumir el poco oxígeno que me queda
y que todavía huele a ti.
Pienso que a Lorca le faltó nombrar a Calblanque en aquella canción que me hiere de muerte,
suena como una puñalada certera que convierte esa playa en una herida abierta,
aun sin estar.
Han pasado tantas lunas, tantas mareas...
¿Cómo podría decir que te echo de menos con el acertado alcance
para que entiendas cuanto me duele esa playa contigo sin mí?
Para que sepas, que enamoré a tu ciudad con la única intención de conquistarte a ti.
Ojalá pudiera dejar atrás este agosto que parece febrero,
ni siquiera tengo un por qué, ni un  hasta cuando,
solo sé que no existe forma humana de taponar la salida por la que se me escapa la vida,
este agujero que dejaste al salir deja entrar el frío de todos los inviernos por más que cierre las ventanas.

Sueño tus pasos en la arena huérfanos de mí,
tu cuello abandonado,
tu cintura sin manos,
y me miro aquí, ,
con todo esto que siento,
y sigo soñando contigo y con mí,
con esa playa de ti,
con todo... pero allí.

© Sonia Jiménez Tirado



Le debía un poema a la playa más bonita que he conocido en mi vida, Calblanque.



Empezar de cero

A veces los seres humanos somos pobres de interior,
nos paseamos por cenagales que nos ensucian el corazón
y  nos vamos metiendo en mierdas monumentales
con tal de no abandonar el espacio de seguridad.
Es triste ver como los impagos del destino van cobrándose vidas en vida,
convirtiendo a sus dueños en mendigos harapientos
que duermen cada noche en una cama caliente.
Hemos olvidado al completo el significado de la honestidad emocional
y nos metemos hasta el cuello en barrizales de arenas movedizas al entonar un te quiero con piel de cordero que guarda el lobo del "me da miedo empezar de cero".

- Un ron con hielo, camarero.

Asfixiados, ciegos,  contaminados...  seguimos corriendo en la rueda,
soportando la gotera y dejándonos fuera.
Es posible que enfermos de eternidad
creamos que estaremos a salvo
bendecidos por un agua cualquiera,
mientras se sigue consumiendo el cigarro y la hoguera.

Implora a Dios una salvación el último día
y tendrás por respuesta un  "no sabe, no contesta".
Metas, consecuencias, realidades, todo cae, todo termina.
La indecisión es un paseo fúnebre por una guerra sin soldados,
un cuerpo a cuerpo en el que acabarás por dispararte a ti mismo...

Han pasado muchas noches del último paseo de tu mano,
lunas sin reflejo,
soledades
y felicidad de mal agüero.

Obsesión, polución, destrucción, zona cero.

Despierto, no estoy ciego.

- Ven, te espero.

Te quiero.


©sJt



Sin ti

He sido un poco payaso, sobretodo aquel día que supuse que podría disimular que me dolía dejarte ir, mientras empuñaba una magnum y mi dedo indice temblaba al sentir el frío del gatillo, cobarde ironía la mía de dejarme seguir viviendo. 
Todo este tiempo he hecho muchas cosas sin ti menos vivir,  como soportar una lluvia de fantasmas sin rostro en el bar de la esquina y correr tras una espalda que se parecía a la tuya. Solo los locos entendemos estas locuras, aunque mi locura se fue contigo y la cordura se me vino encima como un puñetazo en la cara. 
He paseado sin ti por grandes avenidas con olor a callejones sin salida. 
Echarte de menos en otros brazos ha sido mucho peor que arrancarme la piel a tiras y disimular el dolor. Disimular, al fin y al cabo.
He vuelto solo a todos nuestros lugares, sin anestesia, soportando tormentas de vanidades, usando por impermeable una valentía ficticia. Hubiera sido más fácil volarme los sesos aquel medio día que sentarme en la misma mesa a comerme las sobras de algún fulano cualquiera que víctima de sus propios engaños ha perdido la dignidad. 
He golpeado mil veces mi frente cuando mi mente me torturaba imaginándote haciendo el amor con otro, me vendí o me regalé al diablo, ni siquiera lo sé, con tal de no pensarlo. 
He rezado aun sabiendo que Dios no existe, he buscado mi alma en cubos de basura y hasta me arrodillé ante una virgen cualquiera pidiéndole que volvieras. 
He perdido mi propio rastro de camino al exilio que es mi vida sin ti, y he vuelto solo, siempre solo, abrazándome a la fatiga de seguir viviendo sin luz y sin tus besos. He despertado cada mañana con la resaca de no encontrarte en otros cuerpos y con una tempestad dentro que me doblaba hasta tumbarme de dolor en las entrañas. 
Sí, le he pedido a Dios, yo que soy pagano, que me mantuviera ajeno a tu felicidad, si es que la tenías, y también le pedí que me sumara a su lista infinita de imperdonables. 
Caí en la trampa de querer vivir sin tenerte en una maldita utopía de dobleces y de voces que nadie escucha.  Es esta cordura que me ahoga y no me deja vivir... sin ti.