Algo más que decir

Empezar de cero

A veces los seres humanos somos pobres de interior,
nos paseamos por cenagales que nos ensucian el corazón
y  nos vamos metiendo en mierdas monumentales
con tal de no abandonar el espacio de seguridad.
Es triste ver como los impagos del destino van cobrándose vidas en vida,
convirtiendo a sus dueños en mendigos harapientos
que duermen cada noche en una cama caliente.
Hemos olvidado al completo el significado de la honestidad emocional
y nos metemos hasta el cuello en barrizales de arenas movedizas al entonar un te quiero con piel de cordero que guarda el lobo del "me da miedo empezar de cero".

- Un ron con hielo, camarero.

Asfixiados, ciegos,  contaminados...  seguimos corriendo en la rueda,
soportando la gotera y dejándonos fuera.
Es posible que enfermos de eternidad
creamos que estaremos a salvo
bendecidos por un agua cualquiera,
mientras se sigue consumiendo el cigarro y la hoguera.

Implora a Dios una salvación el último día
y tendrás por respuesta un  "no sabe, no contesta".
Metas, consecuencias, realidades, todo cae, todo termina.
La indecisión es un paseo fúnebre por una guerra sin soldados,
un cuerpo a cuerpo en el que acabarás por dispararte a ti mismo...

Han pasado muchas noches del último paseo de tu mano,
lunas sin reflejo,
soledades
y felicidad de mal agüero.

Obsesión, polución, destrucción, zona cero.

Despierto, no estoy ciego.

- Ven, te espero.

Te quiero.


©sJt



Sin ti

He sido un poco payaso, sobretodo aquel día que supuse que podría disimular que me dolía dejarte ir, mientras empuñaba una magnum y mi dedo indice temblaba al sentir el frío del gatillo, cobarde ironía la mía de dejarme seguir viviendo. 
Todo este tiempo he hecho muchas cosas sin ti menos vivir,  como soportar una lluvia de fantasmas sin rostro en el bar de la esquina y correr tras una espalda que se parecía a la tuya. Solo los locos entendemos estas locuras, aunque mi locura se fue contigo y la cordura se me vino encima como un puñetazo en la cara. 
He paseado sin ti por grandes avenidas con olor a callejones sin salida. 
Echarte de menos en otros brazos ha sido mucho peor que arrancarme la piel a tiras y disimular el dolor. Disimular, al fin y al cabo.
He vuelto solo a todos nuestros lugares, sin anestesia, soportando tormentas de vanidades, usando por impermeable una valentía ficticia. Hubiera sido más fácil volarme los sesos aquel medio día que sentarme en la misma mesa a comerme las sobras de algún fulano cualquiera que víctima de sus propios engaños ha perdido la dignidad. 
He golpeado mil veces mi frente cuando mi mente me torturaba imaginándote haciendo el amor con otro, me vendí o me regalé al diablo, ni siquiera lo sé, con tal de no pensarlo. 
He rezado aun sabiendo que Dios no existe, he buscado mi alma en cubos de basura y hasta me arrodillé ante una virgen cualquiera pidiéndole que volvieras. 
He perdido mi propio rastro de camino al exilio que es mi vida sin ti, y he vuelto solo, siempre solo, abrazándome a la fatiga de seguir viviendo sin luz y sin tus besos. He despertado cada mañana con la resaca de no encontrarte en otros cuerpos y con una tempestad dentro que me doblaba hasta tumbarme de dolor en las entrañas. 
Sí, le he pedido a Dios, yo que soy pagano, que me mantuviera ajeno a tu felicidad, si es que la tenías, y también le pedí que me sumara a su lista infinita de imperdonables. 
Caí en la trampa de querer vivir sin tenerte en una maldita utopía de dobleces y de voces que nadie escucha.  Es esta cordura que me ahoga y no me deja vivir... sin ti.