Algo más que decir

Esa playa

Tú paseas por la playa que yo solo puedo recordar
te siento tan lejos como imagino
y pienso que Calblanque jamás será tan bonita como lo es en este momento.
Jamás podrá existir otro momento como este,
y este y no otro,
solo por que tú estás en ella con un halo de tristeza que necesito imaginar.
Eras mar, y no había nada más grande en este mundo que verte romper en mi orilla,
rompías con el ímpetu de todas las olas juntas como si no hubiera más,
como si no supieras que tú eras ese mar al que yo esperaba para dejarme llevar,
daba igual donde y cuando,
la profundad,
todo daba igual cuando te arrojabas sobre mí con tus manos de mar,
cuando el salitre se subía a nuestros besos y nos pedía más y más.
Estoy aquí,
tan lejos de ti,
tan lejos de esa playa de sueños que casi me cuesta respirar,
he ido acostumbrándome a vivir sin aire
por la inercia estúpida de no consumir el poco oxígeno que me queda
y que todavía huele a ti.
Pienso que a Lorca le faltó nombrar a Calblanque en aquella canción que me hiere de muerte,
suena como una puñalada certera que convierte esa playa en una herida abierta,
aun sin estar.
Han pasado tantas lunas, tantas mareas...
¿Cómo podría decir que te echo de menos con el acertado alcance
para que entiendas cuanto me duele esa playa contigo sin mí?
Para que sepas, que enamoré a tu ciudad con la única intención de conquistarte a ti.
Ojalá pudiera dejar atrás este agosto que parece febrero,
ni siquiera tengo un por qué, ni un  hasta cuando,
solo sé que no existe forma humana de taponar la salida por la que se me escapa la vida,
este agujero que dejaste al salir deja entrar el frío de todos los inviernos por más que cierre las ventanas.

Sueño tus pasos en la arena huérfanos de mí,
tu cuello abandonado,
tu cintura sin manos,
y me miro aquí, ,
con todo esto que siento,
y sigo soñando contigo y con mí,
con esa playa de ti,
con todo... pero allí.

© Sonia Jiménez Tirado



Le debía un poema a la playa más bonita que he conocido en mi vida, Calblanque.



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